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Suparaga
 
 

Hace muchos, muchos años, en la India, el Bodhisattva fue un famoso capitán de barco llamado Suparaga. En aquel entonces, en el mundo antiguo, navegar por los mares era muy peligroso, pero el Capitán Suparaga, el Campeón del Mar, había dominado todas las artes y ciencias marítimas de su tiempo, por lo que los navegantes de todos los confines de la tierra buscaban su consejo para emprender sus viajes. Los Bodhisattvas son reconocidos por hacer con excelencia todo lo que emprenden, y él, nunca equivocó el rumbo en sus extensos viajes, por que él podía reconocer con facilidad en dónde se encontraba por la apariencia, sonidos y la percepción que tenía del ambiente que lo rodeaba. Sus conocimientos de astrología lo guiaban durante las noches. Su fortaleza era legendaria, por que podía soportar todas las condiciones y temperaturas extremas, y estar despierto durante períodos prolongados de tiempo. Pero sobre todo era honesto, valiente,determinado y confiable.

 El Capitán Suparaga después de muchas décadas finalmente se retiró, pero su fama prevaleció. Un día, un grupo de mercaderes de alhajas sin experiencia, quienes navegaban hacia la Península Malaya en busca de joyas y piedras preciosas, le pidieron que los acompañara en el viaje. Al principio él les dijo que ya estaba muy viejo para navegar de nuevo; pero le respondieron que solamente le pedían que los acompañara y que no le solicitarían consejo alguno. A pesar de que él tenía una vida de experiencia que podía ofrecerles, ellos sólo querían su presencia como amuleto de buena suerte, aunque así, desperdiciaban el beneficio de su excelente guía, y también se perdían de su gran conocimiento marítimo. De cualquier manera, finalmente aceptó siendo condescendiente y siempre tratando de ayudar.

 Después de preparar las velas del barco, se encaminaron hacia mar abierto, en donde las tormentas y el mar encrespado los sacudieron por varios días. La tripulación atemorizada, reaccionó de diferentes formas: algunos se vieron paralizados por el miedo, otros rezaron a los dioses y los demás sintiéndose seguros bajo el auspicio del Capitán Suparaga, se conformaron con sentarse a esperar a que mejorara el tiempo. Entonces el Capitán les dijo, “El océano tienen tanto alhajas como monstruos, por lo que no se deben sorprender de encontrar tormentas y condiciones adversas aquí. No se desesperen; pero no sólo se queden pasmados esperando. Controlen el barco. Cada uno de ustedes tiene una labor que cumplir y mantener la nave en buen rumbo. Las personas con buen juicio ejercen acciones positivas.” Pero, aun que manifestaban reverencia hacia él, las acciones de los marineros en verdad no eran ni respetuosas ni diligentes. Algunos eran tan ingenuos que creían que los méritos y virtudes superiores del Capitán Suparaga asegurarían su éxito, algunos ni siquiera cumplían con sus obligaciones esperando tontamente a que él usara sus habilidades superiores para llevarlos a buen fin.

 Después de varios días, la corriente los arrastró hacia un precioso mar de colores púrpura y azul con zafiros flotando sobre las olas. Suparaga identificaba cada lugar por donde navegaban, reconocía sus características distintivas, y así informó a la tripulación que se encontraban en el Mar de las Serpientes. Ahora, el barco se tambaleaba peligrosamente, pero, habiendo sobrevivido las tormentas, los hombres ya no estaban preocupados. La belleza del mar los distrajo de sus tareas. El mar y su ruido, ambos emocionantes y terroríficos provocaron ilusiones y temores, ambiciones de riquezas y malos presagios sobre su seguridad. Soñando con alhajas, poco trabajaron para mantener el barco en rumbo a pesar de que sabían que para alcanzar su destino, deberían hacer sus tareas correctamente.  

Así que el barco se desvió hacia otro mar, en donde peces con aspecto de diablos guerreros jugaban sobre las olas y esto alarmó a los marineros. Este era el Océano Kashuramali, que significa “crestas filosas.” El Capitán dijo: “Cuando naveguen por los grandes océanos encontrarán las cosas que ustedes nunca pudieron imaginar. ¡No permitan que estos extraños eventos los inquiete! Ustedes deben controlar sus pensamientos y la embarcación.” Pero la curiosidad y la complacencia de la tripulación eran más fuertes que sus obligaciones, y el barco continuó a la deriva, fuera de rumbo. ¿De qué sirve un consejo si no lo sigues?

El Capitán solamente podía MOSTRARLES el camino;  pero él no debía CONDUCIRLOS.

 Días después, los fuertes vientos los empujaron hacia un mar plateado, el cual, el Capitán les dijo, era el Océano de Leche, un muy peligroso lugar. “Hagan que el barco regrese de donde venimos” insistió, pero ellos no cooperaban como debe ser, estaban fascinados por el extraño fenómeno del brillo de las olas. Los marineros, faltos de sensatez y sin concentrarse, estaban gastando sus bendiciones al tomar riesgos innecesarios y sin hacer los esfuerzos requeridos cuando se necesitaban.

   Entonces, sin poderlo evitar, la corriente los arrastró hacia aguas de color rojo-dorado, que pertenecían al Mar de las Guirnaldas de Fuego, en donde se presagiaba la siniestra lumbre subterránea de la orilla del fin del mundo conocido. Suparaga no quería asustar a la tripulación con las terribles noticias, temiendo que no tenían la madurez para soportarlas. Así que solamente se limitó a repetir sus órdenes con tono de urgencia, de tomar el control de la nave, pero obtuvo muy pocos resultados.

 Conforme pasaron los días, el barco navegó sin rumbo y llegó a un mar extrañamente brillante y calmado, de color del topacio y ámbar; era el Mar del Pasto. La llegada al silencio aterrador provocó incertidumbre en la tripulación, así que intentaron un mayor esfuerzo, pero no pudieron hacer que el barco regresara. “Entre más lejos vayan a la deriva, será más difícil regresar,” dijo el Capitán. Con su comportamiento sucede lo mismo……

 Las siguientes aguas a las que fueron arrastrados fue el Mar de las Cañas, color esmeralda por el reflejo del fondo del mar tachonado de joyas. Aquí escucharon un horrendo ruido como rugido que casi los vuelve sordos. Suparaga los alertó, “Este es el Fin del Mundo. Ahora estamos siendo arrastrados directamente hacia una enorme cascada que fluye hacia el Hocico de la Yegua , un mortal abismo que traga todo lo que se encuentra en sus alrededores.” Así que la gente que no tiene autocontrol inevitablemente va a su condena. Por temor a la muerte y ahora que era demasiado tarde, los hombres suplicaban auxilio. En ese punto sólo poderes supernaturales los podían salvar. Suparaga tenía esos poderes pero que se deben usar como último recurso solamente, porque cambiar el inevitable curso de los eventos exige una gran acumulación de méritos. Su Karma estaba tan pura y su corazón tan bondadoso, que él podía cambiar el destino de otras personas  y el suyo propio. Así que llamó a los espíritus y les dijo que él nunca había lastimado a ningún ser viviente en toda su vida, basado en esta verdad, suplicó que en recompensa lo ayudaran a lograr que el barco regresara por su camino.

 Su honesta petición basada en que él en todos sus actos siempre había seguido estrictamente los preceptos, fue suficiente para salvar al barco entero del desastre. Tradicionalmente en la India a la persona que dice la verdad se le confieren poderes inconcebibles. Repentinamente el mar se calmó, y el viento hizo que girara el barco en dirección a la India y a su puerto de salida. La tripulación muy agradecida elevó las velas para aprovechar la brisa, y la nave navegó calmadamente sobre los mares que ya había cruzado.

 El Capitán Suparaga aconsejó a la tripulación cargar cuanta arena y rocas pudieran de todos los mares que surcaran, para usarlas como lastre. Él no les comentó la verdadera razón de hacer esto, evitando que por ambición manejaran equivocadamente esa carga y causaran el hundimiento del barco. Los espíritus del mar y del cielo que tanto admiraban a Suparaga mostraron a los marineros en donde dragar. Muchas semanas después, llegaron al puerto de donde partieron. Los marineros estaban muy agradecidos con el Capitán por haberles salvado la vida, aun que no habían logrado llegar a su destino original. El Karma de la tripulación había sido suficientemente bueno habiendo logrado que Suparaga los acompañara, ya que por ellos mismos no se hubieran salvado: y no habían hecho el esfuerzo necesario para llegar a la Península Malaya. Aun así, cuando los marineros fueron a descargar el barco, encontraron que la arena y las rocas del fondo de los mares que surcaron, eran zafiros, esmeraldas, ámbar y otras piedras preciosas, que era lo que le daba el color a los mares. ¡Esto era su recompensa por finalmente haberle hecho caso a su consejo! A pesar de su viaje fallido, el bueno y generoso Bodhisattva no había querido que regresaran a sus casas con las manos vacías. La tripulación cantó alabanzas al Capitán Suparaga, y el más joven marinero admitió: “En verdad tuvimos mucha suerte en que estuvieras a bordo. Fue una tontería de nuestra parte confiarnos en el buen Karma y la suerte para guiarnos, en lugar de actuar adecuadamente. Nos entregamos a la avaricia, la pereza y el engaño y eso nos llevó alo borde del desastre, en lugar de tomar el control firme del barco.” “Sí” dijo el Capitán “El secreto del éxito es que la actividad correcta nos lleva a obtener buenos resultados. El éxito depende de lo que aprendes de tus superiores, el desarrollar y mejorar tus habilidades, concentrarte en tus tareas, y así desarrollándose ustedes como buenos marineros y capitanes. De otra forma, ¿cómo puedes operar cuando tu capitán no esté presente? Aun más, si sigues los preceptos y actúas con inteligencia, con pasión y coraje, siempre tendrás éxito.”

 El mensaje de esta narración es que si tienes un gran maestro y no sigues sus instrucciones, y cuando  los discípulos confían sólo en las bendiciones del maestro para surcar por la vida en vez de desarrollar su propia sabiduría, concentración y habilidades todo es inútil, y aun puede conducirte al desastre.

traducido de Suparaga por Raúl Ortega
foto por Liung, Soo Hoong